Morir cada día un poco más
recortarse las uñas
el pelo
los deseos
aprender a pensar en lo pequeño
y en lo inmenso
en las estrellas más lejanas
e inmóviles
en el cielo
manchado como un animal que huye
en el cielo
espantado por mí
Blanca Varela, Concierto Animal.
miércoles, 24 de junio de 2009
martes, 9 de junio de 2009
Quizá lo que más defina mi vida últimamente sea el cansancio. Estoy tan cansada. Tan cansada, tan cansada. Y sin duda no se trata solamente de un cansancio físico sino de algo mucho más estructural y permanente. Entonces me despierto queriendo estar en algún otro lugar, quién sabe dónde. Me despierto con ganas de no cargar con nada: ninguna historia, ningún pasado, ningún presente. Pero, por supuesto, también siento que me daría mucha flojera construir todo de nuevo. Ojalá las reglas del juego fueran distintas y todo pudiera construirse de otra manera. O de ninguna manera. A veces no me provoca demasiado despertarme. Me cuesta tanto.
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La convivencia con Gabo durante una semana ha sido muy dura. Siempre he pensado que lo que más deseo en la vida es ser mamá, ahora ya no sé. No creo poder estar preparada alguna vez. Y al mismo tiempo mamá internada en un hospital a miles de kilómetros de distancia. Y mientras tanto, tanta gente muriendo absurdamente en este país que siento tan mío como inexplicable y desconcertante. Y la ansiedad, la ansiedad...
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A veces no me provoca nada despertarme.
viernes, 8 de mayo de 2009
martes, 14 de abril de 2009
missing gabo
hace tiempo que me provoca escribir aquí y no lo logro. y no son las vacaciones sino el trabajo. entonces me dedico a escribir otras cosas, más serias, menos fucsias.
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en estos días mis preocupaciones están concentradas en gabo. en noviembre cumplió 12 años y la diferencia empezó a sentirse en los últimos meses. es como si de repente se le hubiera olvidado todo lo que alguna vez le enseñamos, o más bien, como si ahora tuviera que renegar de todo aquello. ahora dice ya no ser de alianza y no quiere ir al estadio, no quiere hablar más de política (y mucho menos de la izquierda), no le gusta ninguno de los libros que le doy, ya no me acepta a su lado en la cama.
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se ha vuelto todo un rebelde. y quizá sobre todo conmigo. quién sabe por qué pero es conmigo con quien se esfuerza en romper más, en contradecir más, en ignorar más. tengo muchísimo miedo por los cambios que van a seguir viniendo y por cómo terminará siendo él. quisiera saber qué hacer para acercarme, para que él se acerque a mí.
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y aunque a veces retorna un poco de aquel gabo tierno, crítico y conversador, la mayor parte del tiempo ya no está. y yo lo extraño tanto...
sábado, 4 de abril de 2009
jueves, 26 de febrero de 2009
febrero
y hoy finalmente me contaron que febrero es el mes de la locura. no pudieron explicarme por qué, pero lo afirmaron con certeza. quién diría...
chau febrero, chau, chau, chau.
jueves, 19 de febrero de 2009
Don Víctor
Don Víctor tendría alrededor de 70 años, no demasiados. Quizá contribuyó el que no haya tenido acceso a un buen médico, a un buen sistema de salud.
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Papá lo conoció a finales de los 80, cuando entró a trabajar a esa ONG en la que él trabajaba como guardián. Se hicieron amigos y unos años después, él y su esposa, la Sra. Delfina, les pidieron a mis papás ser padrinos de sus dos hijos menores.
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De niñas, siempre íbamos a pasar el día a la casa en Chosica donde vivían como guardianes. Edwin, Néstor, María, Ingrid y Pepito siempre nos recibían contentos para jugar con nosotras volley, matagente, a las chapadas, a las canicas...Y la señora Delfina hacía una pachamanca riquísima. En los cumpleaños de mamá o papá, siempre llegaban a la casa con una gallina y una canasta llena de huevos.
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En los últimos años, don Víctor iba a la casa a llevar documentos para papá hasta dos veces por semana. Su puntualidad extrema lo hacía estar parado en la puerta de la casa a las 6:30 a.m. Y siempre se daba tiempo para conversar con Gabo sobre fútbol, y para practicar quechua conmigo.
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Esta madrugada, a las 3:30, el teléfono nos despertó a todos. Era Ingrid, que llorando contaba que su papá había muerto. Papá y Gabo rompieron en llanto y empezaron a contar sus recuerdos. Yo, callada, recreaba también los míos.
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Cuando papá y mamá se fueron al hospital, yo ya no pude volver a dormir pensando en lo injusta que es la muerte; y en que la vida, sin duda, lo es mucho más.
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